
Tenía yo unos 15 años de edad cuando se me presentó la oportunidad de participar en unos juegos de atletismo con jóvenes de entre 14 a 17 años de la iglesia de la ciudad en donde vivía. Recuerdo que me entusiasmé por la oportunidad de participar y de inmediato busqué una prueba donde tuviera una buena oportunidad de hacer un buen papel. Era un joven no muy alto, no muy fuerte, era delgado y tenía cierta agilidad en los deportes así que analizando la situación decidí participar en la carrera de la milla (1,609mts). Habría que dar solo 4 vueltas a la pista y sentía que podría prepararme bien para afrontar ese reto ya que nunca había participado en alguna carrera anteriormente.
Apenas decidí la prueba en la que participaría, de inmediato tracé un sencillo plan de preparación y sin pensarlo y con mucho ánimo salía cada mañana a correr entre 4 y 5 kilómetros cuatro días de la semana. Durante dos meses practiqué con mucho ánimo, me sentía ágil, me sentía fuerte, cada semana mis tiempos mejoraban y mis piernas y respiración se fortalecían al grado de hacerme sentir seguro para tener un buen desempeño en la competencia que se acercaba.
Finalmente llegó el día de la carrera y acudí con mis amigos a las instalaciones de atletismo donde serían dichos juegos. La cita fue temprano por la mañana y se realizó una pequeña ceremonia de apertura, después iniciaron con pruebas de velocidad, salto, relevos…hasta que finalmente llegó el turno de mi prueba, aquella por la que durante dos meses me había preparado. Para este momento ya era medio día, no había nubes en el cielo y el sol brillaba en todo su esplendor veraniego, yo tenía hambre porque había decidido no comer nada mientras se desarrollaban las otras competencias con la idea de no llenar mi estómago y después afectar mi rendimiento durante la prueba. Me sentía un poco desanimado por lo caliente del día y el sol tan intenso ya que mi preparación había sido siempre durante las primeras horas de la mañana, así que me encontraba fuera de mi zona de confort. Mi mente empezó a jugarme en contra y empecé a sentir que no era un buen momento para realizar la prueba, aún así acudí a la línea de salida y esperé la señal para correr.
Al escuchar la señal para salir solo me dediqué a seguir al grupo de corredores, había perdido el ánimo y el sol me fatigaba con cada paso que daba. Cuando llegué a los primeros 200 metros estuve a punto de salir de la competencia, mi cuerpo no daba más. Mientras pensaba en esto observé que uno de los corredores dejó la pista con notables señas de cansancio y fue allí que en un par de segundos me di cuenta de que todos estábamos cansados y agotados por el sol, por el hambre por lo que decidí continuar en la competencia y dar lo mejor de mí.
Apenas hube cambiado mi pensamiento, sentí que el sol dejaba de afectarme, me sentía más ligero y fuerte. Tuve tanta confianza en esos momentos que al iniciar la segunda vuelta decidí que debía correr como lo hacía en mis prácticas, así que aceleré el paso y dejé a mi seguidor más cercano 200mts detrás de mí, pero cuando inicié la tercera vuelta sucedió algo que me tomó por sorpresa, empecé a sentir un dolor abdominal que me hizo bajar mi velocidad tan lento que cada vez se acercaban todos más y más hasta que faltando media vuelta para terminar la carrera fui rebasado por uno de los competidores, después otro y venía otro más, pero haciendo un máximo esfuerzo pude mantener la tercera posición ypara recibir así una medalla de premiación de tercer lugar.
Esta ha sido una experiencia que me ha fortalecido a través de los años, me ha enseñado que siempre debo tener metas y esforzarme con todo mi ser para lograrlas. Cuando en ocasiones durante mi día a día siento cansancio o desánimo recurro a estas experiencias de mi vida que al instante renuevan mi ánimo, mi visión y mi perspectiva eterna.
Coloca metas en tu vida que fortalezcan tus áreas intelectual, temporal, social, física y espiritual. Nuestros deseos van atados a nuestros esfuerzos y nuestros esfuerzos a nuestras metas y nuestras metas a nuestro propósito en la vida, por lo tanto, busca tu propósito de vida y esfuérzate con valor para vivir en el camino que te llevará hacia él. Y recuerda que sí vale la pena esforzarse en esta vida, a pesar de los circunstancias o comentarios adversos.
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